acaríciame todas y cada una de las partes de mi cuerpo.

jueves, 13 de febrero de 2014




Aún me acuerdo cuando te sentaste en el suelo mientras te rompías cada vez más. Llorabas porque tu vida era una mierda, y qué razón tenías. Tampoco me olvido cuando te cogía en brazos, y apoyaba mi nariz en tus rubias puntas y podía olerlas. Te aferrabas a mí sin dudarlo, y notaba las amargas y frías lágrimas que rebotaban desde tus ojos en el suelo; e incluso me dejabas besarte las pocas pecas que tenías, y cómo te gustaba.
 
Si te digo la verdad, no sabía qué hacer para ayudarte cuando me decías que no podías más. Me dijiste que fuéramos a tu cama, y yo como un tonto, te hice caso. Estuvimos abrazados, pegados el uno al otro, treinta y siete minutos. Al final yo terminé echando unas lágrimas y me desahogué contigo.

Decidiste coger el reproductor de vinilo de tus padres y lo colocaste en la ventana, a propósito de que todos los viejos del vecindario oyesen que su vecina era feliz por una vez en su vida. Cogiste Abbey Road de The Beatles, y al ritmo de ella íbamos corriendo haciendo el símbolo del infinito por las calles del barrio.

Estábamos a un día de San Valentín, y si te soy sincero, aún no te había comprado el regalo, pues no sabía algo increíble que regalarte, hasta que me diste la idea del millón. Te cogí en brazos y fuimos al típico cine americano que se veía desde los coches, que estaba a escasos metros de tu vecindario.

Nos sentamos en uno, y nos imaginamos tu película favorita. Cuando la actriz que nos imaginábamos hacía algo gracioso, ambos reíamos y nos tiramos las pocas palomitas que teníamos del día anterior.

Gracias, tonto.
En realidad no sé como agradecerte todo lo que haces por mí.

Llegamos a tu casa y subiste a tu cuarto. No te voy a mentir al decirte que me encantó hacerte el amor, pero hubiera preferido follar entre dos árboles que en tu cama, donde habíamos confesado nuestros mayores secretos. 

Entre orgasmos y llantos, me pediste que nunca te perdiese ni te dejase sola, y yo cómo un estúpido enamorado, acepté sin dudarlo.

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