mientras bailábamos encima de los coches.

lunes, 10 de febrero de 2014





Mientras bailábamos encima de los coches, tu sonreías. Se veía la cara de tonta que se te quedaba al verme bailar, y es que nunca me habías visto moviendo el esqueleto como aquella vez. Debajo de un trillón de estrellas, allí estabamos tu y yo, dos jodidas almas perdidas en un sinfín de posibilidades de quererse.

Bajaste de aquella tapadera, y te sentaste en la carretera. Sentiste el calor del fuego y de las estrellas, que qué preciosas eran. Pensaste en alguien, un segundo, y te acordaste de que allí estaba, yo contigo, y una botella de ginebra conmigo.

Sentiste el frío de la noche, y como poco a poco se te iban congelando todas y cada una de las venas de tu cuerpo. Cuando pensabas en mí, te ibas y venías, tu sangre se coagulaba y se descoagulaba. Cogimos el radiocasete y pusimos a Birdy, mi cantante favorita. Saltamos con Light me up y sollozaste con Skinny Love. 

Hubo un momento en el que pensé que era el momento más feliz de mi vida, en esa carretera desconocida, donde a las dos de la madrugada no pasaba ni un maldito coche, ni habían amanecido las farolas. Te sentaste a mi lado, y por primera vez me quisiste. Pensé que era mentira, que todo era una movida de mi
cabeza, y tan solo estabas cansada; pero no.

Entre gritos y llantos, me confesaste lo que sentías por mi, y el por qué nunca te atreviste a decírmelo. Yo lo entendí, y te abrazé. Tiramos piedras al lago de al lado, te enseñaba a tirarlas, aunque no sabíamos donde iban a parar, todo estaba oscuro. El fuego poco a poco se apagaba, y tocaba la hora de marcharse.

Te despediste de mi con un beso, y dijiste que volveríamos a vernos, en una semana, o en un mes. Pero me pediste que por favor trajese el disco de tu grupo favorito, Imagine Dragons.

Y desapareciste entre los dos sauces de enfrente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario