El porqué deberíais ir a Amsterdam.

sábado, 9 de mayo de 2015


Bien, antes de empezar a contaros mi experiencia en tierras tulipanenses (sí, me acabo de inventar esa palabra), quiero dejar claro que os abstengáis a leer esto las personas que sólo queréis ir porque en cada metro cuadrado de la ciudad hay un coffee shop para poneros finos filipinos.

Fui a Amsterdam el 7 de diciembre de 2014, y anteriormente había estado en Bélgica, que por cierto, bendito Víctor Hugo por hacer esas maravillas. Y si os digo la verdad, fue sorpresa para mí que la ciudad fuera completamente distinta a como me la imaginaba. (Por no decir que el día estaba parcialmente nublado y ni un rayo de sol alumbraba la ciudad) Las calles estaban abarrotadas de gente, de bicicletas (¡malditas bicicletas asesinas de humanos!), pero sobre todo, de un color grisáceo que nunca te parecía triste.

No os voy a contar la experiencia del hotel, porque sería completamente deshonesto deciros que nunca deberíais ir al que fui yo, pues estaba todo destartalado, sucio, y con más piratas que en el barco del Capitán Garfio. Aunque lo importante es que estaba casi en el centro.


Cogimos las cosas y nos dirigimos a nuestro primer destino: Kalverstraat, mas conocida por ser la calle en la que vas y te dejas miles de galeones. Y guau, joder, qué bonita era (además de larga, claro), y como estaban repletas las calles de adornos navideños, que a diferencia de España, podían pasar desapercibidos y no le causaban ningún coscorrón a nadie. No os voy a mentir, me gasté parte del dinero en efectivo allí, porque madre mía.


Despues fuimos a Dam Square, es decir, la Plaza Mayor de Salamanca, o la Puerta del Sol en Madrid. Según entrabas por Kalverstraat, tenías enfrente el maldito (precioso) Palacio Real, que se te hacía la boca agua con solo mirar la cantidad de ventanas que tiene. Había un museo de cera, al que no entré porque cuando yo entro a un museo de cera, es para buscar la imitación de Emma Watson y pasarme horas y horas sentado mirando. Obviamente, a los holandeses no les iba el rollo Harry Potter. Después había un obelisco del tamaño de el de París, pero más bonito, pues estaba tallado en mármol y despuntaba (y cubría de la lluvia muy bien).



Posteriormente llegamos al Barrio Rojo, y sí, una 'chica de compañía' sale de su escaparate por cada metro cuadrado para ofrecerte unos minutos placenteros. Acojonante, exponen a las mujeres como si fueran objetos, pero bueno, a ellas mismas les gusta, así que, en fin.

Cuando tuvimos tiempo libre, fuimos a comer y ahí fue el gran momento. Les dije a mis amigos que me dejaran un mapa, y me recorrí medio Amsterdam hasta que la encontré: la famosa Leidsegracht. ¡¿Donde está?! ¡¿Donde está?! Y ahí estaba, el famoso banco donde Shailene Woodley y Ansel Elgort se habían sentado encarnando a Hazel y Gus, pintorrojeado hasta las trancas. Obviamente, me senté taquicárdico, y mientras los vecinos del edificio de detrás me miraban, cogía un permanente y escribía dos nombres en el banco.

Sí, esta es mi cara de iripoias.



Para resumir y que esto no se convierta en el nuevo Génesis de la Biblia, el resto del día siguiente lo pasé visitando a mi amigo Van Gogh, y comiendo en un Subway, sin parar de mirar monumentos y las preciosas calles de la ciudad. 

Fueron los dos días más bonitos de mi vida, en los que me lo pasé genial, sin contras.

Creed, ahorrar, visitar, vivir, en/para, Amsterdam.


— Dani.

2 comentarios:

  1. Tú y yo sentados en el banco de Gus y Hazel en silencio. Piénsalo ♥

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    1. No sé que estas haciendo que no vienes a coger el avión.

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