No te apagues.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Siempre he pensado que las luces no existen. 

Quizá hoy sea una de esas veces en las que meta la pata y me equivoque al escribir, pero es que las luces me parecen personas. Y no digo que las personas no existan porque -metafóricamente- las luces no existen, sino que pienso que hay momentos en que las personas se apagan, completamente, y creo que sé por qué.  

Hay veces que cojo el autobús para, simplemente, ir al centro de mi ciudad que está a diez minutos de mi casa, y de vez en cuando me fijo en el tipo de personas que van en él. Bien, hace dos semanas antes de irme de vacaciones, me monté en la línea 8. La línea 8 va desde la punta mas chunga de mi ciudad hasta la zona de clase más alta. Y cuando me monté, vi al fondo cuatro asientos, dos de ellos separados por el típico pasillo de dos centímetros en el que te mueres de asfixia cuando el autobús está a rebosar. A un lado, estaba una señora mayor, de unos sesenta años, alta, rubia, y muy bien vestida. A otro lado, una mujer de unos cincuenta o sesenta años, bajita, con ropa rota y de etnia gitana. Imaginé que las dos iban al centro y me quedé mirándolas un rato. Me di cuenta de que la mujer gitana sólo hacía que fijarse en los edificios -muy tristes, para qué mentir- por la ventana, mientras que la señora rubia miraba fijamente al suelo gris y hecho de mármol que tienen todos los autobuses. La diferencia entre ellas dos era que la mujer gitana era feliz viendo esos edificios tristes, y la señora rubia tenía una expresión tristona en la cara, lo que me dio a suponer que algo trágico debería de estar pasando en su vida para estar así.

En ese instante me di cuenta de lo raro que es el mundo en el que vivo, y que hasta la persona que por ende, más infeliz y malhumorada es, puede ser la más feliz del mundo, mientras que la persona que damos supuesto que es feliz, puede estar completamente apagada, fuera de serie; y qué queréis que os diga: no me gusta ver así a personas.

Oye, no te apagues.

Sí, tú. Si me estás leyendo y has entendido algo de lo que he dicho -que lo dudo hasta de mí-, no te apagues. No te vuelvas triste por alguna mala pasada en el ámbito que sea, y piensa que realmente la vida se puede acabar en cuanto cruces la puerta del salón y a tu corazón le de por marcarse un Romeo y Julieta.

Son casi la una de la madrugada y me duele la cabeza, así que si no os ha gustado esto, solo tengo que deciros que lo siento.

Pero me gusta recordárselo a alguna persona que estoy completamente seguro, que ahora mismo está apagada.

Adeu.

4 comentarios:

  1. Haznos un favor a nosotros y no te apagues tú. Nunca sabes a quién puede iluminar o guiar tu luz.

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    1. Eso espero. Muchísimas gracias, de verdad.

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  2. Me encanta, ha sido muy pero que muy bonito.

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