Finalidades.

miércoles, 21 de octubre de 2015

No hay finalidad en las cosas.

¿Por qué las tenemos? ¿Hay alguna finalidad siquiera para vivir? A veces nosotros, ilusos, tendemos a inventar estos objetivos para sentirnos importantes, sabiendo que no estaremos tranquilos hasta alcanzar esa meta, logrando el famoso clímax total.

Por ejemplo, una bellota tiene una finalidad: convertirse en árbol. Y para logarlo, esa bellota tiene que rezar al Quinto Dios para que éste, le ayude enviándole un famoso vendaval o al típico niño gracioso venga con ganas de fastidiar la naturaleza, zarandee el árbol, y empuje la bellota hacia el suelo, haciendo que de esta salgan rayos de esperanza dando lugar a un nuevo miembro foto-sintético.

La mayoría de los humanos no tenemos finalidades. Muchos creen tenerlas cuando están enamorados, e intentan por todos los medios alcanzar un momento en el que todo sea de un color rojo muy rojo. Otros, también tienen la certeza de tenerla cuando obtienen su primer trabajo, y batallan para conseguir  a toda costa esa esencia universal que les otorgará un estado de relajación enorme.

Sin embargo, estoy por apostar a que los humanos enfermos, pueden tenerlas. Para mí no hay cosa más importante sea material o inmaterial, que la salud. Un enfermo terminal, al cual no le quedan luces por apagarse ni por encenderse, su única finalidad es llegar a conseguir ese clímax mencionado arriba para el cual se siente concienciado de que ha realizado correctamente su labor.

En mi opinión, las finalidades son causas exclusivas de alguien que realmente las necesita. La bellota necesitaba convertirse en un árbol, y una persona terminal puede seguir viviendo metafóricamente si se queda bien grabada en almas y corazones ajenos.

Deberíamos seguir unos valores morales que nos indiquen qué partes seguir para alcanzar una determinada razón que nos permita seguir divagando gracias a nuestros pequeños instintos.

Gracias a mi profesor de filosofía por decir la palabra finalidad, y hacerme escribir esto.

2 comentarios:

  1. Daniel, es precioso. Y muy intenso. Me gusta mucho, además porque me has hecho pensar en cuál es mi finalidad en el mundo. Gracias, a ti y a tu profesor.

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  2. Esto es absolutamente precioso.
    Sin palabras

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