4 de diciembre.

viernes, 4 de diciembre de 2015

365 días.

Estamos hablando del mismo hemisferio, misma undécima parte del ecuador terrestre que nos separa, y probablemente, dos o tres meridianos a la derecha.

Hace trescientos sesenta y cinco días, una hora, treinta y tres minutos, y catorce segundos (y bajando) que poníamos rumbo con la casa atada a los zapatos a tierras extranjeras. Hace exactamente ese tiempo estaba colocándome los auriculares en los oídos, a punto de darle al Play de 1989 en cuatro repeticiones.

El día anterior había metido dos discos y medio de canciones que me recordarían a donde me dirigía. Canciones que probablemente no significaban una puta mierda, pero que ahora cada vez que las escucho se me repite el rintintín del acento holandés.

Miré el Whatsapp justo antes de embarcar y le envié un mensaje a Madame X diciendo que si me estrellaba, que la quería. Llamadme cardiaco, pero es que volaba con Ryanair. Me acuerdo de cuando nos dieron los billetes y algunos capullos tenían un pase vip sacado del bolsillo inexistente de una azafata. Malditos cabrones.

Un amigo en cuanto entró al avión (que por cierto, salimos casi una hora y media tarde) se colocó en la cabina del avión y les dijo a los pilotos: "Llevadme sano y salvo, eh". Y qué descojone.

Y tras dos horas y media insoportables por los gilipollas que teníamos al lado, llegamos.

Acababa de pisar suelo belga. ¿De verdad? No me jodas, era un puto viajero más feliz.

Os resumo el viaje de camino al hotel. Había una central nuclear adornada con luces navidad y era la leche. El resto era sólo oscuridad que en el autobús se veía contrastada por una alta capa de vaho.

Y nada.

Las camas eran un placer exquisito comparadas con las de Holanda pero por el resto, el hotel no molaba tanto. Qué decir de que no me había dado cuenta hasta hace escasos días, que el hotel al que fuimos estaba situado en Molenbeek, apodado recientemente como "la cuna de los yihadistas". Tócate los cojones.

Fue gracioso visitar Bruselas. Fue gracioso porque me reía de lo triste que era. Podía ser la ciudad más bonita que has visto en tu vida, pero es triste y gris como ninguna. Voy a marcarme un Whitman y acabaré escribiendo sobre sus paredes.

Pero quién narices me iba a decir a mí que acabaría echando de menos esa ciudad más que mi ciudad natal.

Son las 23:59 del 4 de diciembre de 2014.

Mañana, 5 de diciembre. 

Lean a Whitman.

- Dani. 


 

2 comentarios:

  1. No has contado nada realmente, pero me han dado unas ganas tremendas de irme allí.
    Es gracioso porque siento algo parecido por Granada. La llegué a odiar estudiando en la universidad de allí, no por nada en concreto, simplemente porque no me gustaba la carrera y eso hacía que todo lo demás se me hiciese cuesta arriba, supongo.
    Y ahora que ya no vivo allí... Joder, cómo la echo de menos.

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  2. No sé cómo lo haces, de verdad. Pero hazlo más.

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