6, 7 y 8 de diciembre.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Espera. ¿De verdad estoy a escasos minutos de llegar a Amsterdam?

Os juro que no paraba de repetirme ese soliloquio. Había soñado tantas veces con pisar esas malditas aceras separadas por un canal que me parecía totalmente inverosímil.

En el autobús todos estaban sobados. Mirabas para atrás y solo veías bocas abiertas, cabezas apoyadas en otras, y algunos labios en otros ajenos. Vamos, digno de un cuadro de Van Gogh (Qué chiste, eh) Todos menos yo, claro. Como os dije, 1989. Dos horas eternas esperando mientras divisaba el horizonte lleno de campos verdes que me flipaban porque me recordaban al campo de batalla de Waterloo que había visto en los documentales.

De repente, oímos al autobusero: WE ARE IN AMSTERDAM!

Me levanté del asiento. QUÉ. Y el resto os lo imagináis: canales, bicicletas suicidas, casas, farolas, todo era absolutamente inverosímil y precioso. Y yo estaba ahí. Yo estaba ahí, joder. Nuestro hotel estaba en el centro y nos costó un riñón y medio encontrarlo, pero bueno. De las habitaciones no voy a hablar porque olían a auténtica basura y las camas estaban medio rotas pero solo el hecho de estar allí lo hacía aguantable.

Fuimos a comer a Dam Square, y os juro que cuando crucé el primer puente y miré a la izquierda, supe que era la famosa calle. La famosa calle donde se escondía el dichoso banco que tanto tiempo había buscado. Sí, el de Bajo la misma estrella. Miles de fotos, e imaginaos la exaltación que hasta los propios holandeses se asustaron.

Luego dimos vueltas y conocimos toda la ciudad, y sí, el Barrio Rojo también está incluido. No os cuento más de la ciudad porque ya subí una entrada hace justo un año hablando sólo de Amsterdam que podéis ir haciendo click aquí

Fuimos a casa de Ana Frank, y flipé aún más. De hecho compré un póster que tengo en la pared de mi habitación y espero no tocarlo nunca. Cada vez que lo miro siento eso mismo que sentí cuando ví el diario real allí.

Y los dos siguientes días fueron un día libre por la ciudad, y el último en el que fuimos a Bruselas de nuevo. Me dió tanta pena ir a Charleroi a coger el avión, que me pasé llorando todo el día siguiente en casa. Tal cual. Si pudiera me quedaba ahí toda la vida, de verdad.

Para resumir. Esos cinco días han compuesto el mejor viaje de mi vida, en el que más he conocido y más bien me lo he pasado. De verdad, id a visitar Holanda. Merece tantísimo la pena que unas simples palabras no son suficientes para expresarlo. Allí hasta el aire es más puro que en cualquier lado.

Cierro el diario diciendo que ojalá vuelva pronto, que echo muchísimo de menos aquello y que nunca en mi vida me voy a arrepentir de haber vivido lo que he vivido y con quien lo he vivido.

Un abrazo gigante.

Son las 23:59 del 8 de diciembre de 2014.

Gracias. 

De verdad.

- Dani.

3 comentarios:

  1. Me agrada tu forma de expresarte, siento que aquí no has dicho mucho en detalle de lo que has visto pero lo que has sentido se nota en cada letra. Muy bonito lo que haces, escribes en cincuentanochesdeabril.

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  2. Muy bonito como escribes, gracias por tu entrada, me quedo siguiendote y te invito a pasarte por mi blog, nos leemos;)
    http://estoyentrepaginas.blogspot.com.es/

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